LA FALDA TUBO Y SU NUEVO MANUAL DE USO.

Leí  una vez en Vogue que, la falda tubo es una elección, no una imposición.
Tengo claro que tal afirmación nace de las connotaciones que esta prenda de vestir tiene desde su nacimiento.

Ha sido una pieza reeditada constantemente desde que Christian Dior, a finales de 1940,  le diera todo el protagonismo.  En “mil y una” versiones, pero siempre con connotaciones un tanto machistas, hay quien la elevaría a los altares de la feminidad por que su corte obliga a la corrección absoluta en lo que se refiere a la postura al sentarse, al acortar los pasos al andar y de combinaciones algo limitadas.
Instaurada como uniforme de aerolíneas, o secretarias de la postguerra. la falda tubo encontró pocos aliados, la blusa y el cardigan fueron durante años sus mejores y pocos amigos. Una triste combinación que la recluyó en los armarios de nuestras abuelas y madres hasta hace pocos años.
Marc Jacobs la rescató con mucho encanto y la llevó de nuevo a los altares de la simbología más sexy en el mercado de la moda.
Desde entonces, el cuero la adoptó con una arrogante y adorable reivindicación, y poco a poco fue ampliando su círculo de amigos, tachuelas, colores flúor, encaje, volantes en un sutil movimiento, tonos pasteles… fue entonces cuando las camisetas con mensaje la empezaron a querer, las camisas de corte masculino y descuidadamente arremangadas fueron aliados estratégicos, las blusas de encaje se convirtieron en amigas fieles e insinuantes y los jerséis de lana, amplios y cálidos se apuntaron a acompañarla en el streetstyle más rompedor.
De ahí al tejido “neopreno” fue un suspiro, y el punto y los estampados más “cool” se unieron para dar lugar a versiones áltamente elegantes y con ese punto de vanguardia que la industria de la moda domina a la perfección, para vendernos como innovación absoluta, aquello que ya nuestras abuelas habían llevado hasta la saciedad.
Yo, como buena amante de la moda, sucumbí hace temporadas ya a la falda “Lápiz”, en cuero, en una imitación sugerente a piel de serpiente, en punto, en encaje, y este año caí rendida ante la divertida colección Primavera-verano 2017 que la casa Pinko nos tenía preparada.
La compré en primavera, la he usado en verano, pero se queda en mi armario todo el otoño, y le auguro trabajo también para todo el invierno. Eterna, como si hubiera sido creada por algún gran maestro,  en la década de los 40.
Falda tubo by PINKO
Ttop by BIANCASHOP
Bag by PINKO
Shoes by UTERQÜE

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